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El Lenguaje Tecnocientífico como “lengua secreta”: hacia una hermenéutica superracional de la descripción científica de lo real
Dr. Juan Manuel Sánchez Arteaga - C.S.I.C. España

Resumen
El presente artículo propone una serie de elementos para la crítica hermenéutica de los textos tecnocientíficos, a través de un análisis de algunos de sus códigos retóricos más comunes. Se propone una hermenéutica “superracional” capaz de trascender la simple dimensión enunciativa-descriptiva de los trabajos científicos, así como el ámbito reducido de la lógica formal a la hora de evaluarlos, y situarlos en un plano de racionalidad más amplio, que incluya las componentes socio-históricas, emocionales, e inconscientes que determinan su <<significado amplio>>.

Abstract
This paper presents a group of theoretical elements for a critical hermeneutic analysis of tecno-scientific texts. A “superrational” hermeneutic approach is propounded when interpreting scientific texts, so we can be capable of taking into account other semantic dimensions apart from the enunciative-descriptive, capable of transcending the ambit of formal logics as the only criteria for establishing their scientific “meaningness”, and capable of situating them in a wider perspective of rationality, including socio-historic, emotional and non-conscious elements as important determinants of their “wide meaning”.


Palabras clave
Racionalidad, Tecnociencia, Lenguaje, Hermenéutica, Retórica, Significado, Realidad.

Keywords
Rationality, Tecno-science, language, Hermeneutics, Rhetoric, Meaning, Reality.


<<Es necesario –por medio de tentativas sutiles- llevar a la razón no sólo a dudar de su obra (…) es necesario devolver a la razón humana su función turbulenta y agresiva. Se contribuirá así a fundar un superracionalismo que multiplicará las ocasiones de pensar>>

Gaston Bachelard1.

<<Comprender es reducir un tipo de realidad a otro (…) en todos los casos se plantea el mismo problema: el de las relaciones entre lo sensible y lo racional: y el objetivo que se pretende alcanzar es el mismo: una especie de superracionalismo orientado a la integración del primero en el segundo sin sacrificar ninguna de sus propiedades>>

Claude Lévi-Strauss2
1. El “efecto verdad” de las aseveraciones tecnocientíficas: elementos para una hermenéutica crítica de los textos científico-naturales.

La “inaccesibilidad” del lenguaje utilizado en los textos científico-naturales funciona, muchas veces, como un potenciador de la <<apariencia de veracidad>> de las ciencias a nivel social, por situarlas precisamente fuera de la posibilidad de la crítica –incluso para los propios científicos, más allá del reducidísimo ámbito de los especialistas en el campo concreto de que se trate en cada caso. El “efecto verdad” de cualquier aseveración “científicamente demostrada”, se ve multiplicado precisamente porque la incomprensibilidad de esa “demostración” (para el público lego, así como para la inmensa mayoría de los científicos no especialistas) la convierte automáticamente en irrefutable, por inaccesible. Históricamente, las ciencias naturales se han valido de esta ventaja para defender conceptos y teorías que, en su tiempo, sirvieron para legitimar desigualdades y jerarquías (raciales o sexuales), situándolas fuera del ámbito de lo que podía cuestionarse legítimamente3.
El perfeccionamiento de esa altísima eficacia simbólica4 de los textos científico-naturales, frente otras formas de aseveraciones teóricas fuera del ámbito de las ciencias, a las que otorgamos un grado de credibilidad mucho menor en nuestras sociedades, se ha conseguido en parte mediante la adopción de una serie de convenciones lingüísticas, que han modificado profundamente la naturaleza del lenguaje empleado por la comunidad científica. La apariencia de “veracidad” del lenguaje científico-natural ha sido perfeccionada lentamente, a lo largo de siglos de dura competencia lingüística con otros discursos (como el de la iglesia) por el control del espacio simbólico de “la Verdad” en el universo cultural de occidente (piénsese, por mencionar dos ejemplos archiconocidos, en las luchas entabladas entre ciencia y religión, en torno a la defensa del sistema heliocéntrico o del evolucionismo). Existe todo un conjunto de rasgos propios de la retórica empleada en los textos científico-naturales cuya función, sin duda, es potenciar al máximo el “efecto verdad” de lo afirmado en dicho tipo de textos acerca de la naturaleza y, por ende, acerca de la naturaleza humana. Esas “estratagemas retóricas” son empleadas en la práctica cotidiana de la creación tecnocientífica. -de forma consciente o inconsciente por parte de los investigadores-, con el fin de hacer pasar las aseveraciones contenidas en los textos científicos por el equivalente simbólico de la realidad objetivamente descrita. En lo que resta de este trabajo analizaré algunos ejemplos de esos rasgos retóricos potenciadores del “efecto verdad” de lo “científicamente demostrado”:
La reducción del discurso a lo enunciativo.

La potenciación del “efecto verdad” de las descripciones tecnocientíficas sobre la naturaleza se consigue, en primer lugar, resaltando al máximo la dimensión enunciativo-descriptiva de la acción comunicativa y eliminando, en lo posible, todas las otras dimensiones semánticas del discurso tecnocientífico5. Cualquier filósofo o historiador de la ciencia honesto sabe que del significado de los textos científicos pueden desentrañarse, con la ayuda del paso del tiempo histórico, o del distanciamiento etnometodológico, múltiples dimensiones de significación no enunciativo-descriptivas. Estas otras dimensiones semánticas de la comunicación científica son más bien normativo-emocionales (de orden social, psicológico colectivo, histórico…), trascienden por completo el ámbito de la lógica formal, y aparecen integradas en el sentido del discurso como elementos esenciales del mismo. Sin ellas, todo intento de interpretación histórica o sociológica de la práctica científica resulta estéril y, sin embargo, como decimos, estas dimensiones nunca son explicitadas por el lenguaje científico.
Contemplados desde esta perspectiva analítica, resulta patente que lo que no se explicita en un texto científico está lejos de carecer de valor para la interpretación de su significado amplio o, si se prefiere, de su significado profundo (histórico, sociológico…). Si no fuera así, tendríamos que reconocer que la historia, la hermenéutica, la antropología interpretativa de la cultura… carecen por completo de sentido al intentar aplicarse sobre la tecnociencia como objeto de estudio. Muy al contrario, desde nuestro punto de vista se puede aplicar a todas las ciencias naturales la misma apreciación que Ludwig Wittgenstein realizó en una ocasión sobre uno de sus más famosos trabajos: <<mi obra se compone de dos partes: de la que aquí aparece, y de todo aquello que no he escrito. Y precisamente esta segunda parte es la importante>>6.
La cuantificación de las cualidades.

La reducción del discurso tecnocientífico a su dimensión enunciativa-descriptiva, de la que hablábamos en el apartado anterior, se consigue también, mediante la cuantificación de las cualidades a toda costa –aún en el caso de que esta cuantificación no presente utilidad alguna. En ocasiones el resultado final podría describirse como la “Matematización de la estupidez”. Como señaló el matemático y filósofo Whitehead, <<¿Acaso la fórmula es un conjuro mágico?>>7. En ocasiones, la matemática sólo sirve para dar un barniz de profundidad científica a un preconcepto, determinado por un interés socializado –de forma consciente o inconsciente- por la comunidad científica. Pienso, por ejemplo, en la historia de la antropometría, la cuál -con todos sus índices, ángulos, ratios y estadísticas- ha servido a lo largo de los siglos como perfecto instrumento de legitimación simbólica del racismo, el sexismo y el clasismo8. El <<efecto verdad>> de cualquier disparate aumenta exponencialmente si se presenta disfrazado detrás de una matemática aparentemente compleja; el público lego no puede hacer más que aceptar que aquella barbaridad, sea cuál sea, ha sido “científicamente demostrada”.
Las explicaciones científicas que nada explican.

Otra estrategia retórica de las ciencias naturales para potenciar la credibilidad de sus aseveraciones consiste en el empleo de una terminología hermética de aparente rigor para explicar determinadas causas, aunque los conceptos utilizados en la explicación estén desprovistos de una significación concreta, incluso para quienes los emplean de forma habitual. Se trata de explicaciones causales tautológicas, que a fuerza de repetirse –frecuentemente, por sus reverberaciones ideológicas implícitas, dentro del paradigma científico en el que son empleadas- se tornan incuestionables, a pesar de que nada explican en realidad acerca de la naturaleza. Dichos conceptos tautológicos entran como elementos constitutivos del discurso, dándole una mayor apariencia de “cientificidad”, y disimulando su carácter de perogrulladas por detrás de su apariencia técnica altamente especializada. Para muchos críticos del darwinismo, por ejemplo, como en su momento señaló Popper9, el concepto de selección natural constituye un ejemplo perfecto de este tipo de disfraz del sinsentido detrás de un concepto aparentemente técnico y riguroso, pero en el fondo insignificante. En efecto, la selección natural, entendida como la supervivencia de los más aptos, no significa nada más que la supervivencia de los que sobreviven. Esta estratagema dialéctica ya era conocida por los retóricos de la época clásica como la fallacia non causae ut causae –la falacia de hacer pasar por causa lo que no lo es-, y, de acuerdo con Schopenhauer, <<si el adversario es tímido o estúpido y uno mismo posee mucho descaro y una buena voz, puede resultar bien>>10 .
El hermetismo vacío de sentido.

Los investigadores modernos se encuentran frecuentemente, en la práctica cotidiana de su trabajo, con la necesidad de realizar alusiones a conceptos y términos técnicos pertenecientes a áreas de conocimiento apartadas de su propia especialidad, los cuáles, muchas veces, aceptan y utilizan de un modo completamente acrítico, sin que ellos mismos tengan una noción clara del significado concreto al que los términos se refieren en su contexto específico de aplicación. Por ejemplo, piénsese en un especialista en plantas fósiles que debe trabajar continuamente con complejísimos algoritmos matemáticos para la reconstrucción filogenética de un grupo extinto de plantas. El conocimiento matemático de ese especialista –por lo demás, perfectamente competente dentro de su campo específico de investigación- puede ser básico (hasta el punto de no saber realizar una raíz cuadrada), y sin embargo, en su trabajo cotidiano, tanto de producción como de interpretación de textos sobre paleobotánica, se verá obligado a lidiar continuamente con referencias a esos algoritmos, sin los cuáles no puede construir sus “cladogramas” u otros modelos filogenéticos y que, más allá de cualquier análisis crítico, serán aceptados sin más como “cosas en sí”, como verdades absolutas, a pesar de que su significado matemático concreto sea desconocido por completo. Frecuentemente, es precisamente esa misma inaccesibilidad a su significado exacto lo que convierte a tales términos y conceptos herméticos de las ciencias naturales en verdades irrefutables, al situarles más allá de toda posible crítica. Esta estrategia para aumentar la incuestionabilidad del discurso, que podríamos definir como “hermetización”, ha sido empleada por casi todas las sectas y sociedades secretas en otras culturas, a lo largo de la historia. Fue usada por la Iglesia cristiana durante siglos, cuando, para aumentar la eficacia simbólica de su autoridad, continuó dando las misas en latín, una lengua que ya nadie entendía entre el pueblo llano. En la religión brasileña del Candomblé resulta fundamental el empleo de expresiones en lenguas africanas que fueron traídas a América por los esclavos y que hoy en día ya nadie comprende, a pesar de ser recitadas por los practicantes en cada una de sus ceremonias, en las que constituyen un ingrediente esencial. Al igual que en el caso de estas <<lenguas secretas>>, un problema que plantean los lenguajes altamente especializados -como el empleado por las ciencias naturales-, es la discriminación que imponen entre quienes tienen acceso a ellos y quienes no. <<La lengua secreta cumple[…] la función de todo secreto[…] discriminación y poder>>11. Los científicos deberían esforzarse para que sus mensajes resultaran accesibles, especialmente para las comunidades que se ven afectadas directamente por sus investigaciones (sean legos o científicos de otras especialidades), quienes deberían tener también el derecho y la posibilidad de opinar al respecto. Es, sin duda, una tarea difícil, que debería complementarse con un compromiso decidido de todos –científicos y legos- en la lucha por la extensión general de la educación y el acceso democrático al conocimiento en nuestras sociedades.
El argumento de autoridad

El tradicional argumentum ad verecundiam, o argumento de autoridad, es otro de los trucos retóricos más frecuentemente utilizados por las ciencias naturales para aumentar la credibilidad de sus afirmaciones. El empleo de la frase “científicamente comprobado” es uno de los más manidos y burdos trucos publicitarios que pueden usarse para aumentar el “efecto verdad” de cualquier afirmación disparatada. A lo largo de la historia, la ciencia ha pretendido haber demostrado auténticas barbaridades. Dígase el mayor sinsentido que pueda concebirse, pero póngase al lado la firma de un científico respetado, con una referencia bibliográfica, y muy pocos (ni siquiera entre las filas de los científicos, a no ser que ellos mismos sean especialistas de ese campo concreto de investigación) acudirán a la fuente original para comprobar los fundamentos del disparate. Éste se aceptará como algo evidente y ya “demostrado”, para siempre. La estrategia a seguir en este caso ya quedó perfectamente explicada por Schopenhauer en su delicioso El arte de tener Razón: <<Para el vulgus hay numerosísimas autoridades que gozan de respeto: por tanto, si uno no dispone de una enteramente adecuada, tómese una que lo es en apariencia, cítese lo que alguien ha dicho en otro sentido o en otras circunstancias. Las autoridades que el otro no entiende en absoluto suelen ser las más eficaces. Los incultos tienen un peculiar respeto por las fórmulas griegas y latinas12. En caso de necesidad, también se puede no sólo tergiversar las autoridades, sino falsificarlas sin más, o citar algunas que sean de nuestra entera invención: la mayoría de las veces ni tiene el libro a mano ni tampoco sabe manejarlo>>13.
La eliminación del sujeto gramatical y del sujeto histórico/agente de la ciencia.

Otro recurso muy socorrido, en fin, para potenciar al máximo el efecto verdad del lenguaje de las ciencias naturales modernas consiste en eliminar de todas las proposiciones científicas al sujeto gramatical (que es también el sujeto histórico) que las enuncia. El paso último en esta dirección retórica asumida por el moderno lenguaje tecnocientífico consiste en la supresión misma de las proposiciones, y en su sustitución por esquemas, diagramas, gráficos o inscripciones, que eliminan del objeto de estudio toda la dimensión histórica, social y humana en la que fue producido14. En cualquier caso, cuando aún existen -entre los gráficos, los algoritmos y las tablas-, las acciones científico-tecnológicas son descritas sin aludir al sujeto que las realiza: <<se demuestra…, se deduce…, se vierten tantas gotas de…, se sacrifican tantos ratones…>>. Nadie interviene en estas simples verificaciones autoevidentes: los elementos implicados en el procedimiento analítico del laboratorio no presentan historia, no tienen dueños, ni precio, ni patrones. La tecnociencia moderna, como el mito, <<priva totalmente de historia al objeto del que habla>>15.
Consideraciones finales.

Sólo gracias a un conjunto de convenciones retóricas colectivas – que, por lo demás, no presentan ninguna relación con el ámbito de la lógica formal-, configurado a lo largo de la historia como una respuesta adaptativa de las ciencias naturales para potenciar el “efecto verdad” de sus aseveraciones, frente a las de otros discursos extracientíficos alternativos, el lenguaje tecnocientífico sobre la naturaleza, la salud y la racionalidad del Homo sapiens consigue disimular, hasta ocultarlas, las dimensiones semánticas no enunciativo-descriptivas de su “significación amplia”. Sin embargo, detrás de la mera denotación aséptica de las hipótesis, deducciones, falsaciones o corroboraciones tecnocientíficas, se encuentra siempre el animal humano –que es también el ser humano histórico- que las expresa simbólicamente como creencias o convicciones acerca de una serie de conceptos mitológicos (acerca tanto de la naturaleza en general como de la naturaleza humana) que recorren toda la historia de las culturas. Detrás de las estadísticas, los gráficos, los instrumentos… se encuentra siempre un sujeto histórico oculto, quien produce las citadas construcciones simbólicas con un interés particular –identificado o no conscientemente-, y que se dirige a un auditorio seleccionado en función de ciertas preferencias indeterminables en un sentido lógico pero que, a su vez, pueden estudiarse recurriendo, por ejemplo, al análisis de la sociología emocional o de la economía política de la ciencia moderna…
El horizonte de comprensión tecnocientífico referente al orden de la naturaleza es tan limitado como cualquier otro “universo cognitivo” en términos lógicos, metodológicos e históricos16, pero la capacidad de la sociedad tecnocientífica para ejercer la destrucción a nivel social y ecológico ha adquirido unos caracteres inauditos en la historia de la humanidad. De ahí que, en este periodo ultratecnificado de retorno al más oscuro espíritu de las cruzadas –si se me permite la expresión-, no pueda obviarse la enorme responsabilidad social de la tecnociencia contemporánea. Ninguna forma de investigación científica puede presentarse, bajo la coartada de la objetividad enunciativa-descriptiva de su discurso, como una necesidad inexcusable de la lógica, sino que siempre habrá que preguntarse, ¿la lógica y la objetividad de quiénes? La inaccesibilidad de la ciencia y la tecnología, propiciada por el hermetismo de sus peculiares códigos lingüísticos y su estilización retórica en aras de maximizar su credibilidad, no pueden servirnos como excusa para abandonarla al campo de la crítica. Ese abandono de la ciencia a sí misma, como único juez capacitado para autoevaluarse, facilita su función ideológica como instrumento simbólico de legitimación para los sistemas contemporáneos de dominación violenta17, como tantas veces ha ocurrido a lo largo de la historia. En palabras del pensador español Ricardo Mella, <<toda autoridad o influencia de derecho oficialmente impuesta, se convierte de un modo directo en opresión, en falsedad, llevándonos inevitablemente(…) a la esclavitud y al absurdo>>18.
Para avanzar socialmente en ese sentido, la filosofía crítica de la ciencia puede contribuir, ayudando a promover herramientas que sirvan para la concienciación y la extensión de la capacidad crítica, tanto entre la población lega como entre los propios investigadores y trabajadores tecnocientíficos .
Juan Manuel Sánchez Arteaga - Doctor en Biología.
Dpto. de Historia de la Ciencia, Instituto de Historia, C.S.I.C.

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NotaPublicado: 02 Abr 2013, 09:49 
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Ya vendré con mis preguntas y cuestiones acerca del tema (oscurantismo en la ciencia), ya asumido el hecho de la necesidad cuestionante y fundamental de la filosofia dentro de la ciencia (como se podrá haber visto en "experimento* sobre la física cuántica").

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*A proposito, ya abriré un tema sobre la naturaleza (no tan natural) del "experimento científico".

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NotaPublicado: 02 Abr 2013, 13:35 
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!Enhorabuena!

Creo que has hecho una delimitación muy justa y certera de la validez de la ciencia.


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NotaPublicado: 03 Abr 2013, 15:44 
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En primero lugar; decir que es un buen articulo.
En segundo lugar; decir que espero los planteamientos y preguntas.
Citar:
Juan Manuel Sánchez Arteaga - Doctor en Biología.
Dpto. de Historia de la Ciencia, Instituto de Historia, C.S.I.C.

En tercer lugar; decir que, a pesar de la critica de la retorica tecnocientifica y los argumentos de autoridad, no haces sino traernos un articulo de un "respetable" al foro.
Espero que no sea con intencion de exudar autoridad o autoritarismo :lol:
En cuarto lugar; resulta curioso que posean más voz, las opiniones de "respetadisimos" cuando dicho tema ya ha sido planteado por anonimos en otros tantos lugares, no?
Es decir, que a pesar de la critica, esta misma no es nada más que un ejercicio de prepotencia más que expresa la intelectualidad de quien ha sido capaz de darse cuenta de esto frente a los demas que, aparentemente, no...

En cualquier caso, dicha critica es necesaria. Tanto en la mala y/o maquiavelica utilizacion de las diferentes metodologias retoricas para el reforzamiento de la percepcion de veracidad (sea o no cierta), como para darse cuenta de las, efectivamente, diferentes dimensiones semanticas de una misma proposion o grupo de estas, en base a un contexto y/o paradigma dentro de la ciencia.

La filosofia, siempre alerta, debe encaminar dicho desarrollo. Es decir, todo aquel capaz de seguir unas directrices racional-logico-formales adecuadamente estructuradas.

Un saludo


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NotaPublicado: 03 Abr 2013, 21:03 
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Hay que diferenciar el trigo de la paja; mejor dicho, hay que saber diferenciar el trigo de la paja; mucho mejor dicho, hay que tener el criterio suficiente para saber quiénes pueden diferenciar el trigo de la paja… Ese trigo lo constituyen las teorías y descubrimientos que hoy en día constituyen el conocimiento, siempre provisional, que la humanidad tiene del mundo que nos rodea. Por ejemplo, las teorías de la relatividad especial y general de Einstein y la teoría cuántica.

En el libro ¿Por qué E= mc2? escrito por los físicos teóricos Brian Cox y Jeff Forshaw, del que Huffington Post opina : ”Si no eres físico y quieres comprender a Einstein y su teoría de la relatividad, deberías leer este libro”, se dice, al final, que las teorías especial y general de Einstein y la teoría cuántica constituyen los dos grandes avances de la física del siglo XX. La segunda, “que rige el comportamiento de todos los objetos a escala atómica o más pequeña aún, nadie habría podido imaginar nunca como funciona la naturaleza a distancias pequeñas basándose únicamente en la experiencia cotidiana. Para los seres humanos, cuyas observaciones directas se limitan a las “cosas grandes”, la teoría cuántica es completamente contraria a nuestra intuición, pero es tan determinante para una parte tan importante para nuestras vidas en este siglo XXI, desde las imágenes médicas a las últimas tecnologías de computación, que hemos de aceptarla, tanto si nos gusta como si no.”

¿En qué podemos basarnos, como no sea la constatación de que esa teoría "funciona" aunque no sepamos como?

En cambio, las teorías de Einstein están al alcance de los no científicos, de los no expertos, siempre y cuando se sepa explicar, como así lo hacen estos dos científicos, pero una cosa es ser capaces de entenderla y otra el intentar cuestionarla: llevan más de un siglo de vigencia y nadie las ha podido cuestionar sino corroborar experimentalmente por aquellos capaces de hacerlo.

Y a la teoría cuántica la dejamos en paz también, ¿no?

Eso constiyuye el trigo, lo importante, lo que se está tratando de unificar…

Hay mucha pseudociencia por ahí, especulaciones sin base, hay mucho listillo con ganas de medrar. Pero la pregunta es quién puede saber que lo que se afirma que se descubre es falso. ¿Podemos asegurar que lo que se nos dice en, por ejemplo, aquí:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/201 ... 01036.html

es falso? ¿Alguien tira la primera piedra?


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NotaPublicado: 03 Abr 2013, 21:33 
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elansab escribió:
!Enhorabuena!

Creo que has hecho una delimitación muy justa y certera de la validez de la ciencia.


Gracias, al fin y al cabo la validez de la ciencia (que aquí se mostraría en relación a la humanidad) no es dada por la ciencia misma, sino evidentemente desde un otro externo que la determina y valida, este es por ejemplo el lenguaje (y las disciplinas que lo tratan) - como se puede ver aquí: ciencia-general/experimento-sobre-fisica-cuantica-t2721.html

Después te respondo "que difícil".

Por ahora me quedo con esto:

"efectivamente, diferentes dimensiones semánticas de una misma proposición o grupo de estas, en base a un contexto y/o paradigma dentro de la ciencia."

Esto también mostraría cómo lo que es la ciencia (incluyendo teorías, descubrimientos y demás) no un simple empirismo, sino que hay una determinante relación entre la empiria y el lenguaje.

Definitivamente hay que abrir un tema acerca del "experimento científico". Coming soon ;)

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NotaPublicado: 04 Abr 2013, 00:51 
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Citar:
La “inaccesibilidad” del lenguaje utilizado en los textos científico-naturales funciona, muchas veces, como un potenciador de la <<apariencia de veracidad>> de las ciencias a nivel social, por situarlas precisamente fuera de la posibilidad de la crítica –incluso para los propios científicos, más allá del reducidísimo ámbito de los especialistas en el campo concreto de que se trate en cada caso.


Si un texto científico es incomprensible, nadie lo citará. Si nadie lo cita, el que lo publicó se come los mocos. A partir de aquí, lo demás cae por su propio peso.

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NotaPublicado: 04 Abr 2013, 08:20 
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Jvahn dice:


"Esto también mostraría cómo lo que es la ciencia (incluyendo teorías, descubrimientos y demás) no un simple empirismo, sino que hay una determinante relación entre la empiria y el lenguaje."


Eso no es cómo es la ciencia sino cómo se explica. Si se detecta experimentalmente, por ejemplo, nimiedades temporales, se habla (y escribe) entonces de zeptosegundos. Si no se empleara el lenguaje (hablando -y escribiendo- se entiende la gente) las teorías y descubrimientos científicos no pasarían a ser conocimiento de la humanidad; o sea, perogrullada al canto.


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NotaPublicado: 04 Abr 2013, 10:29 
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Dices, Manuel B: ¿En qué podemos basarnos, como no sea la constatación de que esa teoría "funciona" aunque no sepamos como?


Pues entonces yo me pregunto ¿Cuál es la cientificidad de la Teoría de la evolución?

Sí, se ha desentrañado el ADN y tantas otras cosas como el parecido entre especies ya mediante técnicas genéticas o por la comparación de restos fósiles. Sí, todo eso lo sé. Pero hasta ahora no se ha logrado en un laboratorio, y a partir de una especie, lograr otra especie diferente. Luego entonces la Teoría de la evolución no “funciona”, y por tanto, y si el criterio de validez es que las cosas funcionen, la Teoría de la Evolución no es científica.
La Teoría de Newton es científica porque es capaz de prever la posición de un cuerpo en el espacio y en el tiempo o porque es capaz de “colocar” un cohete en la luna o un satélite en órbita según los pragmáticos. Pero la Teoría de la evolución no prevé qué especie se formará, y además, y repito, no se ha logrado jamás obtener una especie a partir de otra en el laboratorio. Luego, entonces, y si el único criterio es el pragmatismo, lo siento, pero la Teoría de la Evolución no es una teoría científica porque no sirve para nada. Las teorías genéticas si que serán científicas porque sirven para alterar, por ejemplo, el rendimiento productivo de las plantas. Pero yo no hablo de teorías genéticas sino de la Teoría de la Evolución en sí.

O aceptas entonces que la Teoría de la Evolución no es científica porque no funciona o la aceptas como científica. Pero en este último caso tendrás que darnos un fundamento ( y me gustaría saber cuál) que no sea el que las cosas funcionen.


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NotaPublicado: 04 Abr 2013, 10:49 
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Es la teoría del big bang una teoría científica. ¿ Para qué demonios sirve dicha teoría?


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